Detrás de la noche: Sobre Moonlight, la película de Barry Jenkins

Por Mauricio Jarufe

  

De repente, azul. Un azul vívido, resplandeciente; un color que, de a pocos, toma nuestra atención. Nos sigue adonde vamos. Un plano-secuencia, azul. Una toma nocturna, lo mismo. Lo vemos constantemente, en los detalles, en el fondo. Moonlight nunca pierde color.
Así compone Barry Jenkins. El azul, melancolía. De la intimidad. Esa que incita a la memoria. La complejidad, contenida en un par de tomas casi a oscuras, con aquel color delineando las imágenes. A través de él, la cámara transita por entre los barrios bajos, donde la violencia y las drogas, por los malos caminos.
Y es aquí donde crece Chiron. La cámara, la mayoría de las veces, la lleva él, como pegada al cuerpo. Esta lo sigue; lo confronta: emociones contenidas en su mirada, su hablar pausado y su silencio. Negro, gay y pobre. Él, que siempre parece tener algo qué contar.