Todo un personaje, o todo menos uno: En torno al trabajo de Tom Waits

Por Katiuska Molina y Luisa Deguile
  
No importa si la gente me odia, asumo que la mayoría lo hace. La pregunta importante es, si es que están en la posición de hacer algo al respecto
William S. Burroughs
  
El problema no es Dios, es la verdad; no es el héroe, son sus principios…
Es cuestión de perspectiva. Un héroe, necesariamente, es literatura. Por tanto, pasado e historia trascendente. Nunca presente. Un héroe no es una persona, es una encarnación.
Katiuska sonríe, luego sube el volumen del reproductor, se aparta levemente y lo señala con el vaso. Propone, al caso, un modelo distinto.
Ligero no equivale a superficial, para nada.
Le da al asunto la seriedad de una representante. Y son muchos a los que representa…

Tom. Él, su música. Como fuere, casi siempre precipita reacciones de un extremo u otro: Aunque la música y la voz misma puedan parecer a muchos las de un loco alcoholizado, para otros son las señas de un demonio empecinado en canciones de amor, sobre la vida misma.

 

 

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Equidistancia: Diálogo con Fernando Escobar Páez

Con Juan Pablo Torres Muñiz
 
Enfrentar. Cuestionar. Bien, de eso se trata. Pero qué hay de provocar. A menudo se dice que la provocación refiere en sí misma a un cuestionamiento, pero qué ocurre si lo que se provoca con un texto, cualquiera sea su clase (gráfico, audiovisual, etcétera), es en realidad cierta reafirmación de la posición del espectador, del lector, respecto de la realidad, a partir de su indignación. Por otro lado, ¿qué hay de provocar al instinto, nada más?
Llevar a una cuestión de fondo, implica, exige inteligencia. El erotismo, por ejemplo, requiere imaginación, de modo que el sentido del mensaje es completado por quien atribuye, a su modo, las cualidades faltantes al cuadro, a la escena, etcétera.
Hay, además, sistemas y mecanismos de seducción. ¿Los hay de provocación? ¿Nos dicen algo las categorías y los géneros, las múltiples clasificaciones académicas cuando orientan la producción de determinados tipos de textos, en lugar de prestarse, ante todo, a facilitar la clasificación de estos como obras inventivas, sujetas nada más que a su intención comunicativa?
Fernando Escobar Páez ha sido acusado de provocador. Ha sido, también, y no pocas veces, amenazado. ¿Esto último no habrá sido más bien por haber cuestionado bien?
 
Salvo en mi primer libro, Los Ganadores y Yo, de 2006, en todas mis otras publicaciones he mezclado narrativa e incluso algo de crónica con poesía. Escribía acorde a lo que me dictaba el momento; por ello, muchas veces imprimía a mi poesía cierto tono narrativo, que no tiene que ver con la estructura del texto sino con la intención de narrar una historia bien pendeja.
Supongo que se podría decir que como escritor fui anfibio o travesti. Me movía torpe y monstruosamente en ambos terrenos: poesía y narrativa.

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