Alcance y magnitud: Sobre las pretensiones de Christopher Nolan, a partir de Dunkerque

Por: Ernesto Carlín y Juan Pablo Torres Muñiz
 
Un thriller de suspenso épico. Suena rimbombante, pero así lo llama el mismo Christopher Nolan –rimbombante. Dunkerque cuenta con momentos notables; luce un lenguaje cuajado, revelador cuando el excesivo recorte queda de lado y una secuencia supera la dimensión de estampa espectacular, libre al fin de la habitual tendencia del director por el sesgo desconfiado: la nota pedagógica y condescendiente conque, fuera de tiempo, suele darse a surcir la sobrecarga de cabos sueltos.
Esta película se presta bien a un balance de méritos acumulados, así como de posibilidades abiertas más o menos intencionalmente por Nolan y Cia., para próximas tentativas de ambición semejante. Porque vuelve siempre, apresurándose, a temas de peso: las diferencias entre verdad, realidad, experiencia y –ahora– historia. Incluso, algo más.

  

Un sitio al cual volver: Sobre la propuesta de Dario Maglionico

Por Lena Marin
 
Lugares. Pertenencias. Posesiones. Límites.
Hablamos de espacios por apropiación: al hacerlo referimos a las dimensiones en que concebimos, discurre o es posible que discurra una realidad, tentando así conocerla. Aquel discurrir corresponde al propio flujo de las ideas, a su disposición, incluso a su fragua en estructura, que entonces se identifica con la geometría del espacio exterior. Surgen los vínculos. Cálculo. Anticipación. Familiaridad.

Se dice mucho lo de tener un lugar, un sitio al cual volver. Las imágenes de Dario nos confrontan con esta aparente ilusión.
 

 
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Celebraciones: Cuento de María José Caro

Árbol de navidad
 
En mis recuerdos, el árbol siempre es distinto. A veces es un ficus tupido que se sostiene del techo del auto como pino navideño en una película. Otras veces, se trata de un tronco escuálido de hojas amarillentas resbalándose por el parabrisas. Lo que nunca cambia es el auto: un Toyota gris de dos puertas que según mi padre se importaba a pedido desde Japón. Tampoco cambia la expresión de mi madre al verlo bajar del vehículo con la camisa a medio abotonar, los ojos desorbitados y el pantalón sucio. La recuerdo revisando el capó, los parachoques y después pateando la puerta del copiloto, mientras mi padre se tambaleaba hasta a la casa. Me veo siguiéndolos, vestida con aquel pijama de Gasparín que había deformado de tanto jalar hacia abajo. Tal vez intentando convertirme yo misma en un fantasma.
 

Barbara Coleman Dubois

 

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Silencio reclamado: Diálogo con Romi Muse

Con Guillermo Cóbena


Pese a tanto rollo complaciente, a casi nadie alrededor del mundo le cuesta distinguir, según sus propios criterios, a alguien simpático de alguien lindo, lo mismo que a uno de estos de alguien guapo. El asunto torna mucho más complicado cuando nos referimos, por ejemplo, a alguien bello. El asombro reclama silencio.

La presencia de Romi invita a subrayar estas distinciones, pero no solo a propósito de sí misma, sino en relación a su propia participación en imágenes que pretenden asombrar a partir del cuerpo, pero sin quedarse en él.

 

 

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El silencio y los otros: Diálogo con Isao Tomoda

Con Juan Pablo Torres Muñiz
 
Rostros. Un rostro. Una forma. Presencias.
En este caso, la repetición importa más que simple redundancia. Queda claro, se trata de insistencia. ¿Pero de qué naturaleza?
Se cuela acaso con flagrante impertinencia el término obsesión, tanto en cuanto a perturbación anímica producida por una idea fija, como a la propia idea fija o recurrente que condiciona una actitud en particular.
Lo cierto es que Isao Tomoda, a través de la suavidad de la forma, nos plantea el asunto de modo más complejo. Hablar de obsesión cabe solo para generar nuevas cuestiones en torno a su planteamiento. A ver si así, de pronto, un haz nos conduce a cierta revelación.
 

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