De entendimiento, y tribulaciones: Diálogo con Marcelo Stella

Con: Luisa Deguile
 
Entre los cuadros, queda claro, se trata de una confrontación. Como el reto de sostenerle la mirada a un loco con ojos compuestos de insecto. Pero bastan apenas unos segundos en cada imagen para ver torcido el sentido a la calificación de locura.
Surgen las preguntas.

El arte y el para qué. Cuál es el sentido. Preguntas recurrentes y, sin embargo, vuelta a agarrar pluma, y rasgar de hoja…
¿Mera vanidad? ¿Necesidad?
 
Marcelo Stella vierte en trazos, con mucho cuidado, la esencia de esta supuesta tribulación. La violencia, entonces contenida, habrá de hacer pleno efecto con la comunicación a que dé pie y conforme esta se desarrolle.



Una vez más, deja torcida nuestra visión. La luz que esperábamos para tener que cubrirnos no emana del objeto y, por tanto, no hay ataque; los cuadros se abren en asomo a nosotros mismos, en una versión de lente particular y, sin embargo, maleable a nuestras circunstancias.

 

¿Es la manera de interpretar mi puesta en el mundo, de ordenarlo, de codificarlo y transmitirlo con un determinado fin?
¿Por pura sensibilidad?
¿Transferencia de experiencias políticas, sociales y nunca de especie aparte?
Quizá no tenga la respuesta, quizá esta se encuentre en asumir simplemente el rol con el que de algún modo, venimos “formateados” a esta vida.

Identidad. El pensamiento es en realidad discurrir de la consciencia, no uno mismo.
Los personajes aquí retratados, digamos, obedecen a convenciones o las desafían, pero nada más para plantearnos la enorme dificultad de aceptar que sus condiciones nuestras, por ende   tan solo sucedan, al margen de nuestra voluntad, o con esta haciendo las veces de mero conducto. Nos obliga a tomar responsabilidad.
¿Quiénes somos y en qué medida nos determinamos? Si esta determinación alcanza a proyectarse, ¿lo hace también según nuestra voluntad?

 

 
El artista no escapa a su lugar social, con sus costumbres, religión, educación, la tradición en su pequeño espacio, todo cuanto lo identifica en su pulso diario, con su color local, en el movimiento de su gente.
Esa es su patria; no hay una patria grande, eso es un fraude, un engaño.

El asunto, desde luego, llegado tal punto, se torna denso, mucho. El término patria, en este contexto, excede los márgenes que convencionalmente habrían de corresponderle. Hablamos ciertamente de origenin extremis, de creación.

 

Ante tales problemas, cobra especial interés la fuerza con que en cada cuadro se contrarresta la línea, la fuerza que absorbe desde el lugar que le corresponde, al color y, más, el propio volumen. El vacío, el silencio. Ambos son base fundamental para toda auténtica comunicación. Es en su ámbito que se desarrolla de veras el entendimiento, siempre por sobre la comprensión.


¿Qué es la pintura, hoy? Un breve pasaje en la historia.
Hoy se habla de la banalización, la desmitificación, la ironía, la post-verdad, qué se yo; no soy un teórico… En cierta ocasión, durante un debate que tuvo lugar por la entrega de un determinado premio a una joven artista, mientras unos la increpaban diciendo que su obra no era arte y otros la defendían, dije que creía a priori en su honestidad. Si el artista no es honesto, ya no me concierne.

Un mensaje en una botella. Contiene una pregunta. Esta se formula a través de una afirmación: afirmación de la línea, el color y la forma, por ejemplo, pero ciertamente no podemos garantizar que sea interpretado como acaso nosotros mismos nos lo planteábamos al darle forma (traicionándonos, por cierto, en el proceso, por mayor fidelidad a lo que desde un principio escapaba a la lógica de la formulación)…

Marcelo es la mar de cordial.
En sus cuadros habita, vive y se proyecta, también, cierta ternura. En efecto, se trata de una obra abierta, vulnerable. (Pero hay que recordar de dónde viene la luz.)
Resulta difícil estimular, como lo hace mi anfitrión, el intercambio a un nivel, llamémoslo personal, a abrir los ojos, pero además a dejar oír la propia voz, con la seguridad de que será acogida, con su mensaje aún sin descifrar, y que solo luego será refractada. Hoy, más que nunca antes, parece complicado acoger y criticar.
Ante una propuesta seria, se comulga en silencio.
El alma es elocuente, silenciosa, pero no muda.

 
Reflexionaría sobre qué, y la vida con todo lo que viene en el frasco…
Un artista lo traduce en algo expresivo, comunicante, sujeto a debate. Y eso para mí es Arte.
 
 
Una experiencia…
 
¿Adónde voy ahora?
Paso a paso, tratando de ser más reflexivo en mis impulsos.
En algún lado escuché que una sociedad acrítica es fácilmente manipulable.
 
Y lo dices ante esas “parejas” tuyas, esas “mujeres en sus casas”, cuando todo el mundo pelea en lugar de discutir, porque el retrato irónico, la puesta en duda, solo pueden ser ofensa, a lo cada vez más gente dispara la alarma que la proclama víctima más y más rápido y con más estrépito; lo dices cuando hoy las personas son lo que se ponen, y no solo prendas, si no también estados en redes sociales, y camisetas de causas (lo más grave, pues la mayoría de ellas no son eso en realidad, si no luchas anti-algo, por puro afán defensivo que los defina).
Hiede ya el pegamento de tantas etiquetas…
 
Dudo de las personas, no de la crítica.
 
 
Milorad Pavic, en su Diccionario Jázaro dice por pluma de uno de sus personajes que acaso las ideas navegan en el auténtico mar, que es la inteligencia…
Ah, vuelta a rayar el papel…
 
 

Un comentario

  1. Qué poder!
    Genio! y quien entrevista, bárbara!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *