Insubordinaciones: Notas a propósito de la obra de Emilio Seraquive

Por: David Kattán
 
Primero…
A simple vista, me parece importante, desde ya, marcar dos momentos claros en la obra de Seraquive. El primero, en relación con el dibujo, con la línea-contorno-perfil; un molde que separa a la figura del afuera. Esta forma de ver el mundo remite históricamente a conceptos pictóricos, filosóficos griegos y renacentistas según los cuales el contorno habría de cumplir la doble función de moldear al cuerpo y de volver a la forma receptáculo de luz y sombra (cuerpo como receptáculo del alma). Aquí, el punto de partida es el blanco (luz) desde la que desciende la sombra.
 
 

Con una paleta reducida de colores rebajados, estos dibujos dan cuenta de un regreso y, al mismo tiempo, un punto de fuga: desde una figura que de tal modo se separa del fondo. De pronto, de una cabeza o un brazo se extiende una suerte de línea gótica que ya no es borde de nada, que ya no es límite entre cuerpo y fondo, línea que importa más a lo manual que a lo óptico. Hay torsión de la figura, deformación. Cuerpo vulnerable violentado por fuerzas invisibles del afuera. De momento, es evidente una intención no representativa o figurativa.
Luego, Seraquive expone una etapa muy diferente, un experimento verdaderamente colorista. Es desde el color puro, brillante, de donde se da lugar a la luz y la sombra. En este caso, la forma se determina por una línea que funciona de otra manera, una línea, digamos, pollockiana. Ya no es molde, contorno o perfil, sino masa. Línea septentrional que deviene en mancha-color, en carne. Y no es simplemente una “técnica de representación” distinta a la del dibujo, sino una manera de ver y asir el mundo. Sus cuerpos resultan de la experiencia accidental del dripping. La figura emerge a partir de salpicaduras de color puro sobre la tela, manchas saturadas donde el color es cuerpo. Action painting.
 
 
Segundo…
Aunque dibujar y pintar son dos asuntos distintos, el autor encuentra en el dibujo su apropiación de la forma, logrando una modulación por medio de las manchas-color. Ciertamente no figurativo, sino más bien figural, el trabajo parte de una línea que convulsiona, se quiebra, se prolonga hacia afuera de sus límites, se desvía y, no obstante, logra, bordeando lo abstracto, hacer emerger cuerpos y rostros histriónicos, esperpénticos, grotescos y difusos.
Un gesto contra vanguardia, en la medida en que confronta la tendencia hacia el caos de la línea de Pollock, el expresionismo baconiano y la mancha de color puro como herencia del impresionismo. De modo que la brutalidad del tratamiento de la figura lleva al espectador a hacia un lugar de pura tensión, una zona donde resulta imposible discernir figura y fondo, interior y exterior, cuerpo y afuera.
 
 
En sus diversas formas se nos presenta una constante que nos remite al paisaje urbano. Pero las relaciones creadas entre la línea como molde que separa figura y fondo, y la línea que es color encarnado, da cuenta de un cambio violento en la forma en que el autor percibe la realidad. Sujeto encerrado sobre sí mismo y sujeto como territorio existencial, desplazado desde afuera hacia dentro, y viceversa.
 
 
Tercero…
La salpicadura es indicio de un cierto momento en que lo manual se privilegia sobre lo óptico, experiencia sinestésica, trastocamiento por pulsión creativa. Una suerte de descontrol de la figura, que se rebela: insubordinación del tacto sobre el gobierno del ojo. 
El impulso parece empujar contra el lienzo abierto hacia un abismo en que todo puede arruinarse, mas es precisamente en el límite de tal amenaza, de donde surgen las figuras como territorio, modificado por la violencia de la mancha. Los cuadros de Seraquive representan el logro de la captura de esta finísima frontera, del espacio en que el caos apenas puede ser ordenado. Creación, entonces.
 
 
Cuarto (como conjunto)…
– Hay que estar demente para desconfigurar al mundo en partículas de color y pretender  la aparición de cuerpos desde las manchas resultantes, en espera de un todo “coherente”. Implica, por otra parte notable destreza… manual. Y enorme confianza. O fe.
Sí, por eso mismo me parece una obra pictórica importante.
– Sin embargo, no estoy seguro de lo que se pueda esperar en adelante, de este experimento. Es algo demasiado personal por parte del autor.
 
 
– Sobre ¿cómo observar la pintura contemporánea, hasta qué punto el paradigma caos-arte nos remite hacia la necesidad de la creación accidental? Bien, he aquí a Seraquive… con la importancia de cierto abandono de la figuración como alternativa para un estado creativo igualmente auténtico, con pretensiones de mayor pureza.
 
 

Un comentario

  1. Muy interesante aproximación.
    Excelente espacio.

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