Algún sentido a la ofrenda: Sobre la propuesta de Serge Marshennikov

Por: Guillermo Cóbena
 
Vapor. Crema. Un peso tibio.
El asomo deriva en vasto horizonte; este provoca, generoso en sensaciones.
Decir que Serge Masshennikov hace hiperrealismo queda un tanto cortoSu obra provoca a una contemplación más allá del detalle: va de los sentidos, a la cuestión de un sentido: La fibra sensible da paso, con el tacto, a un acorde más amplio del que, no obstante, conviene preguntarse de veras qué tan lejos, hondo en cada dirección, es capaz de llegar, y llevarnos. La apelación al instinto es fácil. El misterio de los afectos, más amplio aún e igualmente universal…
 
 

Vamos, claro, suavemente. Aunque Serge nos pone ya en el meollo, mejor abordar con apoyo en más amplias perspectivas…
 
 
Kawabata. La casa de las bellas durmientes.
Los sentidos del texto abren campos vastos. Vitalidad que palpita. En la obra de Mishima, la palabra acaricia, pero revela con este mismo gesto, la distancia infranqueable, que sin votos de abstención de ninguna clase, determina, sin embargo, el verdadero valor de la contemplación, como fuente de cuestionamiento.
Pocas obras pictóricas invitan de modo semejante al mismo silencio, lo que se debe a mucho más que coincidencia temática.
Aquí, las jóvenes –despiertas–, en gracia de la forma y color, tono, temperatura en que “se entregan”, otorgan a la situación comunicativa su contemplación– carácter de ceremonia complaciente.
 
 
  
¿Deleite de verdadero enamorado? Seamos claros, solo se deleita el amante.
¿Estamos entonces ante un ritual que importa acaso sacrificio?
La indefensión de las jóvenes luminosas tendidas entre sábanas, mantos y cojines, con la languidez de su pose, y cuando de pie, cubiertas parcialmente por suaves sábanas también, su especial disposición, tientan a una nueva exploración al respecto, hacia adentro y, sobre todo, afuera de cada cuadro: en nosotros mismos, en nuestro medio, nuestra cultura.
Qué espera quien contempla y cuánto encuentra de esto mismo. ¿De qué manera, Serge torna el deseo en pregunta de sus causas, de sus móviles, de las carencias que importa?
 
 
Aún de espaldas, las jóvenes difícilmente reflejan negación o rechazo. La serenidad de su pose, transparenta una disposición, o más bien un anhelo de ella.
Novias sin más atavíos: al caso, entregadas en la palidez de su natural tipo, mientras el ojo, acude, envuelve, crece, maravillado por el detalle, eso sí. Lo que nos insta a optar por una actitud ante la ofrenda, justo antes –ese momento eternizado de los cuadros– de representar para ellas, algo, alguien.
 


Mayor es el apremio en tanto se distingue una actitud común de parte de ellas

En la vida real, no posan. La actitud de estas muchachas no corresponde a un suspenso en soledad: Y he aquí que el truco queda al aire.


 
La provocación pretende llevar la fantasía más allá, pero sin hundir el dedo en la llaga propia. Una suerte de proyección, nueva invención. Si se trata de culpa, resignación, juego pasional, habría que conocer la historia, contar con una memoria, su memoria. De tal forma que cada característica a ellas atribuida es fantasía… De este lado de la realidad, al no haber más momento que el de la contemplación, esta arde latente, acaso como acecho…
 


Amar y destruir. Paridad atroz derivada de cierto ímpetu de raíz romántica, con signo en la naturaleza contradictoria del hombre. Ideal lamentable.
Deriva en crisis, una vez quien lo ha creído se ve ante la carne, el hueso y el nervio de veras; con los sueños y hasta los fantasmas, así como todo cuanto además compone la inmensa complejidad de una realidad por entero nueva e incomprensible: la persona viva.
Dejó dicho Hesse: “Cuando se teme a alguien es porque a ese alguien le hemos concedido poder sobre nosotros.” Dicha concesión se debe a una condición supuesta; ¿en qué medida, por tanto, la suponemos en base a cuanto creemos saber sin que sea cierto?
¿Qué enamorado no considera con cierta frecuencia, frágil el equilibrio en que (sobre)vive su amor?
¿Qué enamorado no abriga el miedo, y extraña, cela, lastima? El que ama en libertad. No los ideales, ni los maniquíes. Ni las poses de entrega complaciente.

 

 

Máxime si, además, siguiendo a Proust, “solo se desea lo que no se posee”

La visión es una sola. Por referir nuevamente a la novela del japonés: nosotros bien podríamos, más bien ser aquí, a la rusa (!), otra suerte de Iguchis, pero no es el caso. Estamos comprometidos. Protagonizamos el tiempo ante la obra. Y este revela nuestra historia con ellas, nuestra actitud ante el reflejo de un deseo y nada más que un deseo…
El detalle, la vitalidad, entonces, cobra valor: Ellas son reales. Se ha usado a las modelos.

 

 

En consecuencia, sus rasgos, los mismos escenarios, nos son reconocibles porque trascienden la introducción a un mundo y una época, a un modo de ver, incluso, particulares y propios de una cultura determinada (enriquecida a su vez por muchas otras).
Se nos convoca a por lo fácil en la pasión.
… Y nos recibe el silencio, vacío. Solo, cada quien.
¿… Por un deseo?



2 comentarios

  1. A primera vista, pensé que eran fotografías. Qué técnica! No creo que sea solo una ilusión, hay profundidad, inexplicable

    • Su técnica es impecable. La profundidad que refieres ¿la descubre una cuestión por parte de Serge o tú mismo al responder a una provocación más bien simple?
      Sin duda el tema da para algo más. ¡Gracias por seguirnos!

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