En cuántas direcciones: Sobre la propuesta de Cecile Baldewyns

Por: Isabel Pérez Bacorelle y Juan Pablo Torres Muñiz


Apenas transcurren unos segundos. Isabel se vuelve; es que Cecile, en efecto, la toca:
 
Un silencio aparente… El ser que tienta transformarse en palabra a través del movimiento.
 
Por medio de nosotros…, si acaso el diálogo se completa.
 
Así es.
La artista plantea para este movimiento, o más bien para el desplazamiento de la visión provocadora, dos direcciones: Hacia adentro, al enfrentamiento, el abrazo de la emoción que se recoge sobre sí misma. Y hacia fuera, la huida, la ansiedad: ir más allá del instante para ser después. Vale decir, abstracción, huída.

 

Dices ser, dices después.
Refieres a una diferencia y por ende, a la posibilidad de otra encarnación. Una incluso no doliente, o no del modo en que esta propuesta suya, ya de años, dice a lo propio de su tiempo, del modo en que corren los días de su personaje.
La serie de imágenes se impone como por necesidad de brindarle a esta particular dimensión suya, un espacio propio, uno en que quede manifiesta a plenitud la carga que asume. Esta, de otro modo, en la realidad de las horas que prosiguen indiferentes su marcha, simplemente habría de mezclarse con la de los demás muy especialmente, las demás, hasta casi diluirse en lo cotidiano.

 

Hay, desde luego, más…

 

El vínculo con el ambiente no es accidental, el lugar abandonado es el cuerpo que se mimetiza con el entorno; a veces, a priori, solo vacío; a veces claramente limitado.
Ante nosotros se abre una serie de estancias que manifiestan cada una el paso deshabitado del tiempo y la memoria…, a través, por ejemplo, de la humedad, la herrumbre o la raja en la materia seca.

 

Al tiempo solo se vuelve desde la verdadera vida. Si se persigue la plenitud, desde luego…
Una serie de estampas sobre lo que ha sido dejado de lado configura un reclamo. Pero a quién.
El valor de la pérdida no corresponde al de una vida plena. El reclamo surge de haber cambiado olvido por nada.

 

 

Resulta tremendo. Terrible.


Más allá, ¿qué podría ser, no obstante, aquello con que se alcanzaría colmar el margen sin medida, para tenernos al límite pero sin presiones, atentos, lúcidos? ¿Qué afirmación podría ser esta, y a qué?

Se me viene a la memoria un pasaje de El Profesor del deseo, de Philip Roth: El protagonista luchando por aceptar y no volver a decir precisamente más, más
Esto va más allá de lo meramente racional. Soluciones a nudos, que tocan la esencia de las cuerdas.

 

Cecile no es únicamente la fotógrafa, es además la fotografía, el momento que capta y es captado. El espejo que refleja un fragmento de la realidad o la realidad fragmentada en sí misma. El rostro se difumina o desaparece por completo, pero no la identidad.

 

Que excede lo de Cecile

 

Sensualidad. Sensibilidad.
Su propia feminidad inquieta, más allá de las formas, se descubre también en las texturas. Pero sin dejar de desplazar el impulso, la energía interna, como un rastro vaporoso de la belleza opuesta al dolor.

 

Irreductible a morbo, se trata una vez más de un juego complejo. Una suerte de nuevo claroscuro…
La indefinición entra a tallar en cada rasgo de la imagen como nueva provocación. Más allá del desaliño, el quiebre en apariencia involuntario, brilla ante nosotros una luz de fuente distinta: provoca desde la propia sombra, desde la raja y el haz disperso, con el momento que huye, esquivo.

 

La sombra asoma como cimiento compositivo de la imagen, tanto en sentido literal como figurado; guía al observador a través de la penumbra de donde emerge la duda, para fugarlo hacia la coordenada exacta donde se hunde la respuesta del color o la ausencia del mismo. De todos modos, la cromática es decididamente austera, complementaria o dentro de la misma gama; con ella domina la armonía.

 

Apuesta a más o menos seguro…
Para la ilusión de corte al contacto con la imagen quebrada, lo mismo que para la de una caricia (con lo que se difumina), se impone en todo caso una grado mínimo de aspereza, de resistencia en la superficie. Este implica reducir los elementos en juego para mejorar el contraste.
El asunto va más allá de técnica. Cabe decir instinto.
Cecile maneja materia cruda. La pureza claramente es otro asunto…

 

Cecile B. se diluye, se desdobla, pasa del estado sólido al etéreo sin llegar a ser espectro. Porque si algo se intuye en la fotografía de la artista es la latencia de la vida, la brevedad del instante que pasa transformando esa otra dimensión interior.

Para tentar de nuevo…

 

Y vuelta a empezar…




 

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