Flor del tiempo: Acerca del videoclip del tema Somewhere, de Sekuioa

Por: Luisa Deguile

  

De algún modo, reconocer un lugar no garantiza que sepamos dónde nos encontramos.

Por otro lado, un lugar puede ser también, por ejemplo, todas partes
Cabe agregar que si de posibilidades se trata, cuenta además el cambio del “mismo espacio” en distintos momentos.
Y está, finalmente, la plenitud, que anula toda medida.
Yoshi Sodeoka propone al respecto, con –y para– Somewhere, tema de Sekuoia, algo, una suerte de viaje, quizá, notable…
 
 

Si bien es cierto, reconocemos fácilmente los guiños vintage en los colores y sus tonos, lo mismo que en el juego de foco y la multiplicación de las formas, como ondas; y al cabo, por tanto, la psicodelia, se trata en general de una proyección que apela a principios mucho más universales.
Así, el espectador tiende espontáneamente a anticiparse a los nuevos ángulos y descubre, al cabo, sobrepasada su capacidad… por abundancia de estímulos. La riqueza de color invita, entre otros juegos armonizados, pasado el primer efecto, a nada más dejarse llevar. Entonces es que va mejor la marcha, con el ritmo, deslizándonos en la melodía…
 
 
Luz que surge de un punto fijo, y el horizonte. Elementos, uno cambiante, el otro referencial, más estable. Le primero, preñado con la clave de las propias imágenes que toman forma ante –y hacia– nosotros; el segundo, margen determinante, pero apenas de este, nuestro lado; misterioso respecto del resto, inmenso…
La cuestión surge, en efecto, del juego entre las dimensiones y sus posibilidades; sutilmente, determina el sentido completo de la experiencia.
  
 
La negación de las fechas y las horas, coordenadas conque se da pauta a las agendas y se orientan hitos en las biografías, conlleva la de nuestra propia finitud y deriva en solo dos alternativas posibles: la mera abstracción o la penetración de la realidad a espaldas de dichas nociones.
La apelación a la onda, a la proyección circular, aun a través de una intrincada geometría (que se acomoda siempre a sí misma; ahí tenemos las místicas claves numéricas para la permanente expansión y encaje de las formas) va de la construcción de una experiencia o, si se quiere, de la adquisición de cierto conocimiento profundo más allá de la lógica, en vieja lid contra la idea de tiempo lineal.
 
 
Las escenas –o episodios, si se quiere– se suceden para producir un efecto que, aunque transita por la sumatoria (con clave en el particular volumen de la acumulación), va mucho más allá de ella. El mismo desafío que plantea el natural impulso por relacionar las imágenes unas con otras por medio de la memoria, nos enfrenta, a unos antes, a otros después, con el fondo del asunto.
¿Nos abstraemos en negación o penetramos en la supuesta constitución del tiempo (que empieza por una contemplación paralela a los plazos de los hombres)?
 
 
De un lado, la mera distracción en el breve espacio del confort, a cuyo término, nos espera siempre la resaca. Del otro, el cuestionamiento… arrebatador, y el vértigo.
Yoshi prefiere dejarlo en claro. En dos momentos:
Uno. Con la abrupta interrupción, reconocemos la distancia entre la ilusión –sucia… por falta de definición– y, pues, algo como una ruptura en la línea, un error de transmisión: a fin de cuentas se trata de una interrupción en la comunicación. Esta dura lo mínimo suficiente, y aporta la duda que podía haber hecho falta a quien confundiera exploración, seria, con paseo banal, a lo mejor hasta solemne.
 
 
Dos. El final, que nos arroja (!) a la resaca…

Violenta declaración de intenciones, apenas tras habernos mostrado por última vez, provocadora, la lucecilla central –como una invocación ligera, a por más ilusión.

Pero es que conviene recordar lo que nos dice El libro tibetano de los muertos –parafraseo, apenas–: si no reconoces las formas de tu propio pensamiento, las luces te deslumbrarán, los sonidos te atemorizarán… A lo que sigue, más adelante: “Fúndete”

Cada quien tome los pétalos, beba el néctar, o sonría de la saudade; pero a lo mejor es invierno o, mejor todavía, una estación a espaldas de las otras, sin calendario.
 
 

 

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