(Auto)compasión: Sobre el videoclip de Gold, de Chet Faker

Por Guillermo Cóbena
 
La marcha. El compás se abre paso y da pie a la idea de camino, como sendero único. La única forma. Se trata, entonces, de una versión de la historia personal como destino: una visión con la que, acaso, se pretende explicar todo. Justificación…
Hay quienes construyen su vida como el probable guión de una historia; procuran, por tanto, que esta sea entretenida, pero mejor aún si resulta espectacular, así permite pasar por alto los más absurdos saltos, lo incongruente. Cada que se dan a contar de su vida, más todavía cuando dan explicaciones de sus problemas, superados o no, convierten a quienes los rodean en –interesantes– personajes secundarios (como si promovieran, de paso, el casting con su interlocutor).
Bajo la dirección de Hiro Murai, el videoclip de Gold, canción de Chet Faker, nos enfrenta a la farsa de las verdades resolutorias, los manifiestos con los que a menudo se pretende convencer al otro de que se halla ante una víctima…
 

 

Uno se reconoce enamorado cuando sabe, forma parte de un drama, el de cierta forma de relación ideal. ¿Qué tan sencillo es deshacerse de expectativas exageradas, pura complacencia? El asunto es cambiarlas por otras más razonables. Y, sin embargo, ¿en qué medida asume uno, quiera o no, el rol de enamorado al estilo más o menos clásico?
Finalmente, ¿qué tan únicos son en realidad los problemas que se presentan en el drama, así esté ya en  pleno desarrollo, pasada la etapa claramente diferenciable de primer enamoramiento?
 
You gotta know, I’m feeling love
Made of gold, I never loved her
Another one, another you
It’s gotta be love I said it
 
You gotta know, I’m feeling love
You gotta know, I’m feeling love
 
 
A medida que las conductas parecen ir ajustándose a las del ideal, se va montando para el otro la ilusión de garantía –con mayor facilidad si, como suele pasar, teme que sus sueños no sean sino solo eso, como su propia razón se lo indica–. Lo sorprendente de hallarse en una situación nueva o, tras la primera experiencia, una renovada, con el aliento repuesto, la consciencia a punto de ceder, redunda en ulteriores decepciones, cada vez más atronadoras.
Siempre es más fácil rodar, dejarse seducir; distinguir a quienes nos aproximamos, con quienes nos encontramos, como agentes del destino, o al caso, mágicas sirenas ante cuya danza, cedemos, –falsamente– inocentes.
 
I might as well be in a garden
I said, ah a smell in the air is a dripping rose (you could be the one for me)
Another soul to meet my void then
Of anything bare that’s made of gold
 
Ver claramente duele. Implica, siempre, hacerlo en más de un sentido: también hacia uno mismo. El ideal, el deseo, los sueños y la carne. La propia fragilidad. El asunto es que siempre es más fácil jugar a entregarse (sin medida del riesgo), que confiar en lo que es posible hacer asumiendo un compromiso (que contempla las posibles fallas).
Siempre es más fácil rodar, dejarse seducir.
 
 
Veamos aquí. Cuerpos. Carne. Músculo. Nada de casualidades, ni en el planteamiento ni en la forma. La clave trasciende, metatextual.
Hay, desde luego, una danzante principal. Blonda. Venus. Las tres, en conjunto, ángeles. Distintas, hermanas. Componentes de una misma imagen sublimada. No una mujer, si no la mujer.
¿Según quién? ¿Según qué?
 
A physical kiss is nothing without it
And you close your eyes to see what it’s done
The body that lies is built up on looking
‘Cause all that remains before it’s begun
 
 
Danza, exposición de fuerza y de gracia, de control. Una coreografía que combina la delicadeza del contacto cercano, tanto el roce como la caricia, junto con el impacto de la materia y los tejidos enfrentándose.
La seducción tiene lugar, en todo caso, en el tejido entre ritmo, melodía, armonía, palabras e imágenes.  Es decir, en la propia escritura de esta historia, equivalente al enamoramiento en sí mismo, en clave de ritual subsumido en la conducta, determinante antes y por sobre los encantos de la pareja (los que apenas permiten prever un mero apareamiento).
¿Y qué hacemos con esto?
¿Qué hace esta voz en particular, el inventor de la trampa?
Se justifica…
 
 
El canto como lamento. A ver si despierta la compasión de la mujer. Si se tratara de la búsqueda de  soluciones prácticas, el tema y las imágenes irían probablemente de algo muy, muy distinto, incluso si empleara signos similares; por ejemplo, de un choque en proceso, recreado de diferentes formas, según ciertas variantes. Pero aquí se trata de dar con eso irracional en que esperamos, tras el ruego, descansar la consciencia, sin tentar más ideas, ninguna otra posibilidad, el amparo salvador, bálsamo a la necesidad de alternativas, lejos de toda responsabilidad, acudiendo al centro mismo de la culpa.
 
You gotta know, I’m feeling love
Made of gold, I never loved her
Another one, another you
It’s gotta…
 
Hay que andar con cuidado. Por algo existen señales de tránsito…
 
 

Un comentario

  1. Video hipnótico. Análisis interesante.

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