Luego entonces: Tres poemas de Una esquirla basta, de Rodrigo Luque

El mismo río dos veces
 
Sé del fracaso del poema
como sé que vivo
cual ríos que saben desembocar
solo en más ríos
y amo esta desgracia
como amo que la vida sea
igual a la muerte
pero distinta.
 
Sé que la noche está preñada
de algún poema honesto
                                                             y palpita
acarreando la sangre en nuestras venas
hacia afuera
sin parir jamás.
 
Por ello hemos de llover a cántaros
por esta vida
entre el follaje
con la muerte siempre en las pupilas.
Después no quedará más por hacer
hermanos, conciencias y rizomas
¿No lo ven? Ya es ahora.
Y con justicia se ha ofrendado
tanta vida para esto
con justicia hoy podemos respirar
tocar, gesticular, desenvainar
el verbo con vehemencia
inútilmente
para poder dormir
para poder mirar por la ventana
y constatar, de reojo
el instante.

Continuidad de la visión: Sobre obras de Gustave Caillebotte

Por Victoria Viola y Guillermo Cóbena
 
Visión y visualización…
La confusión entre estos dos términos sobresale entre otros varios descalabros idiomáticos por el modo en que ha venido a formar parte importante –no sin caché– del argot pseudo profesional de gestores de procesos, de producción, a nivel material, económico, así como de capital humano. Nos topamos con «visualizar» aquí y allá en redes sociales, lo mismo que con «aperturar» en lugar de «abrir», pero por ser menos evidente en su sentido, el error aquel truena más, claro, en la medida en que a uno le importe lo que dice y oye decir. Guste o no, el lenguaje verbal es articulación y, como tal, tiento de sentido, incluso para desafiar este en otros planos…
Ver no conlleva más misterio, no literalmente; es de por sí, sin embargo, maravilloso. Uno ve, en efecto, lo que tiene ante sí. Pero visualiza justamente lo que no es posible de ver «a simple vista»; de hecho, lo hace visible por medio de algún procedimiento o a través del empleo de algún dispositivo. Así, uno ve efectivamente por medio de la vista, mientras que uno visualiza en la medida en que fragua ante sí una representación. ¿Qué media en este caso sino el prisma de la propia visión, esta vez como concepto en su acepción más compleja?
La forma de mirar, claro, depende a menudo de la propia concepción del cuerpo, antes aún, del espacio y de las dimensiones que uno mismo ocupa, incluso a nivel inconsciente, reflejas, reveladas, gracia del lenguaje inventivo, en lo que uno ve. La concepción del mundo impregna así, no solo la obra de un artista de su tiempo, sino que lo hace tal, graba en su visión misma, la visión de su época, con la que, en caso se trate de un auténtico visionario, romperá.
Victoria ve en el legado de Caillebotte, hondo… Comparte la experiencia, atravesando la generalidad y el detalle en torno, para llevarnos pronto a obras puntuales, muy a su modo:
 
 

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Memoria desnuda: Sobre la fotografía de María Tudela Bermúdez

 
Por Flavia Iquira-Pizarro
 
Es bien sabido que la novedad depende más de la perspectiva, de la forma en que se concibe la visión, incluso por el subconsciente, que en la disposición misma de los elementos de la imagen, en lo objetivo, digamos. Sin embargo, hay elementos difíciles de concebir reunidos, que evoquen sensaciones distintas a las usuales. ¿Cómo ser original en estos casos?
Edificios en ruinas, aves en vuelo, la palidez misma de la atmósfera gracias al juego en blanco y negro, por ejemplo. Sí, el conjunto podría traer a la mente, fácilmente: soledad, silencio y encierro. Pero en la obra de María Tudela es posible, sin embargo, dar, tras un primer contacto y sin mayor esfuerzo, con bastante más, si bien a riesgo de atravesar y empantanarse en el lugar común. Esto, sin embargo, hace de la exploración más interesante.
 
 

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Comprometidos: Sobre la convivencia en tiempos de pandemia

Por Juan Pablo Torres Muñiz
  
Para Cintia Ugarte
 
<<El hombre de Neanderthal aprendió a llorar, probablemente, al darse cuenta de que después de matar el bisonte
y arrastrar la pieza a su cueva, no tenía con quién compartir su orgullo de cazador ni a quien enseñar sus heridas.>>
Magda Szabó (La Puerta)
 
 
De pronto, millones de personas se ven forzadas a permanecer en sus casas, sin poder salir. Familias reunidas, encerradas, salvo un miembro cada vez, encargado del abastecimiento. Al menos en teoría. Los que circulan sin más, no solo se apartan de los suyos, que se quedan momentáneamente a salvo del contagio, aunque solo hasta la vuelta de los paseantes, sino de la norma por medio de la cual se vinculan de un modo más amplio con el resto. Su acercamiento físico a los demás deja de lado otra forma de contacto, abstracto, al caso, no menos importante, sino mucho más, de momento. He aquí un nuevo conflicto entre deseo de plenitud y afán de sentido.
Bastante, de hecho demasiado se ha venido diciendo respecto de la soledad, de la supuesta confirmación del vacío en la vida de mucha gente, desnudo ante la muerte. Lo propio se ha hecho respecto del aprovechamiento del tiempo en soledad o, como algunos se han lanzado a llamarlo, la capitalización de dicha condición. También se habla de las ventajas del contacto por medios digitales y hasta se ha insinuado –lo que tristemente era de esperar– que lo que viene ocurriendo constituye un paso más, simple pero brutal, hacia la modificación definitiva de nuestras relaciones interpersonales, según estos pretendidos optimistas, destinadas a desarrollarse sobre todo en un plano virtual. En todo caso, hay que distinguir comentario de exploración crítica, lo mismo que boceto de juicio lanzado al aire de planteamiento de discusión.
Toca preguntarse cómo es que viejas formas de organización, más allá de la amplia variedad con que hoy se dan, continúan su tradición fundamental, respondiendo a una nueva situación de crisis demostrando porqué son tan longevas –a fin de cuentas, esta mal llamada «era» es muy reciente y nuestros problemas básicos apenas y han cambiado, en realidad–. Obviamente, la cuestión atraviesa múltiples aspectos de nuestra naturaleza, así como de lo que entendemos por cultura. En este texto pretendemos explorar el asunto desde la manifiesta distinción entre autonomía y autosuficiencia, patente en el compromiso social, siempre, para el logro de aprendizajes. Atravesamos el tema de la gestión de la soledad en el marco de una nueva sociedad, cuya mayoría se muestra afanada en que cada quien vaya sin más por su cuenta, rechazando o relativizando todo compromiso.

 

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