Cuestión de cuestionar: Sobre la motivación en aulas de Literatura

Por Juan Pablo Torres Muñiz
 
Para Fabiana S., agradecido.
  
Un breve ejercicio de imaginación:
De pronto, abrimos los ojos. Ante nosotros, un cruce de calles desconocidas, y a nuestro alrededor, movimiento: gente desplazándose, unos van y otros vuelven, cada cual adonde sus asuntos la requieren o adonde el ocio los invita.
Lo primero que hacemos, claro, una vez nos reconocemos perdidos, sin un paisaje ni monumentos a la vista que nos puedan servir de referencia, es buscar carteles, la portada de un diario o de una revista, algún texto que nos permita saber… Y si no es posible o, peor aún, si lo que vemos está escrito en un idioma para nosotros desconocido, buscaremos contacto con alguien, intercambiar palabras con quien sea nos entienda.
¿Cabe alguna duda? Así estamos requetebién motivados a aprender el nuevo idioma, así como los demás lenguajes de uso en esa supuesta locación.
Es esta una forma de empezar el curso con los estudiantes, salvadas las distancias con la atrocidad de aquella escena. La forma del ensayo nos permite, sin mayor problema, desarrollar el tema apoyándonos en el testimonio, en la experiencia significativa; esta se prestará a diálogo, con miras a responder: ¿cómo motivar a los estudiantes de los distintos niveles de educación, especialmente en cuanto a Lengua y Literatura?

Los ciclos, la frontera: En torno a The Dark Hours, de Christopher Colville

Por Lena Marin

  

Vuelta al origen.
El vértigo importa certeza. Se trata de atender los cambios que generan nuevas eras, a ciclos.

El rumbo apropiado se intuye universalmente a la seria contemplación de todo fenómeno natural, especialmente de aquellos cuya escala obliga a desestimar la ilusión de control humano. Hasta los aparentemente más sencillos, cotidianos…
Tal aproximación importa siempre – violencia.
Christopher Colville, va de lo hondo, cuestión de sensibilidades primordiales.
 

 
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Luz de la propia mirada: Diálogo con Morgaine La Fay

Con Luisa Deguile

  

Reconocer los puntos de partida personales.
Tentar primeras capturas. Intervenir el material.
Definir la visión.

Buscar material apropiado. Reconocerlo. Luego operar, dar forma a la propuesta.
Ofrecer la obra al diálogo.
En todo momento, cuestionar, proponer. Cuestionar nuevamente…
Se define de tal forma, poco a poco, una mirada.
De esto va el conjunto que aquí nos rodea; compartimos comentarios. 
Morgaine, cordial, siempre…

Acaso viejas palabrejas: De la virtud como experiencia del conflicto

Por Juan Pablo Torres Muñiz
 
En diversos medios, entre declaraciones de buenos propósitos, reclamos de padres preocupados por hacer de sus hijos “personas de bien”, así como entre eslóganes de ofertas de amplia variedad de centros educativos, es de lo más corriente darse con menciones a una llamada formación en valores. De algún modo el término valor ha venido a sustituir, tratándose en efecto, de un vocablo más versátil y manejable, al de virtud. Se trata de una confusión de hondas implicaciones. Un valor, a fin de cuentas, refiere a una u otra cualidad apreciada según un determinado círculo, de modo que esta apreciación, obviamente parcial, juega al caso un rol determinante y es fácil de manipular. Antes, en cambio, era más común que se hablara de virtudes, si bien a menudo, lamentablemente, como que ocurre en varios sitios todavía, como parte de una enseñanza dogmatizante y por tanto cerrada, paradójicamente, a la práctica misma de las virtudes, la que se da fundamentalmente en y para el diálogo, para el entendimiento a través de las diferencias en pos de una convivencia lo más armónica posible.
 
 

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Lo que importa: Sobre la película Call Me by Your Name

Por Mauricio Jarufe
 
Contemplar. Y fijarse detenidamente. Apreciar el detalle. Sentir la música, los rayos de sol, el viento. Todo aquello que compone un día cualquiera. Una mirada. Un suspiro. Algo de Bach interpretado al piano. Algún verso de un maestro grecolatino… Cada elemento cuenta por sí mismo y aporta al conjunto más que cantidad. Cualidad sobre cualidad.
Es con el detalle que se construye lo que conocemos como amor, o una historia al respecto.
Hoy, en una era de lamentable saturación, en la que incluso viene bien hablar de consumo masivo y hasta de malversación del romance, no importa tanto. Aunque Call Me by Your Name no es precisamente una historia de amor, sí lo es sobre el asombro. En relación al amor. El descubrimiento de sensaciones y sentimientos. A partir de ellos, de probables respuestas a las preguntas últimas.
Ahora bien, la curiosidad más sana conduce, si fructifica, en cierto gozo, pero también en dolor. No por nada, las respuestas yacen a veces donde no esperamos quepa, se revelen. En el silencio, por ejemplo; en lo que no se dice. Y en lo que no es posible decir.
He aquí que entra a tallar la contemplación. A través de ella es posible dar con lo implícito, con lo escondido, lo que de pronto asoma por detrás de la niebla, del ruido…
 
 

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