Contemplaciones (a través de los signos): Diálogo con Hildy Maze

Con Juan Pablo Torres Muñiz


La forma. Las formas. Se trata de conjuntos de líneas que determinan la base, el contorno, el volumen de las cosas. Límites. Diferencian, distinguen. Separan. Y hacen del objeto, el que es. Más o menos como los nombres. Corresponden al conjunto de características que hacen de una acción, de un proceso o de un fenómeno, diferente cada vez que se desarrolla, o diferente según el sujeto o agente que lo lleva a cabo.

Tenemos, por tanto, que el cuerpo tiene en sí mismo una forma, y que hay formas de cuerpos. Lo mismo que formas de ver…
Hildy comparte la suya propia.

 
Hace años, un amigo me envió El Corazón de los Yoga Sutra. “La forma es vacío, el vacío es forma”. Leer este texto cambió mi vida. En una semana me puse a estudiar y a practicar meditación. Chogyam Trungpa, maestro en meditación budista tibetana y artista, se convirtió en mi guía. Fui instruida para aprender a explorar la naturaleza y hacerla una experiencia personal atravesando las regiones oscuras del pensamiento, nuestros pensamientos y emociones ambiguas.

 

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Sueños y visiones: Sobre la propuesta de Rondal Partridge

Por Lena Marin

  

Inocencia: ausencia de culpa. Ingenuidad: ausencia de malicia.
La ingenuidad, al contrario de la lucidez, implica la carencia de una noción funcional del tiempo; permite concebir apenas estados, como estampas o, cuanto más, situaciones que se superponen a las de la realidad compleja y fluctuante. Al ingenuo, el pasado apenas le duele; el presente le sucede como síntoma de una vejez que asoma desde su interior sin que él mismo se percate de ello; el futuro, en consecuencia, se le ofrece, según ve, como garantía del cumplimiento de sus deseos.
Mezcla y confusión de fe y de esperanza. Y asoman los mitos: Una tierra prometida. Prosperidad. Éxito. El progreso según la receta de masas…
La obra del maestro Rondal Partridge –asistente, en su momento, de Dorothea Lange y Ansel Adams– nos cuestiona al respecto, hoy bastante más, quizá, que cuando fue expuesta por primera vez.
  

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Lumbre: Sobre la novela Los simuladores, de V.S. Naipaul

Por Guillermo Cóbena
 
En la tierra, las raíces; una base. Las ilusiones, arriba, en el cielo. No hay camino ascendente; lo que hay es casi siempre espacio abierto aquí abajo, senderos que puede uno seguir, convencido incluso de que avanza.
El abandono de la tierra natal implica como tal, la marcha en pos de algún ideal, por difuso que este sea; de elevados objetivos, suele decirse. Alzar vuelo. No por azar la ambición es corrientemente representada en aves de presa. Sin embargo, solemos encontrar nuestro verdadero lugar en el mundo después de haber caído un buen par de veces del andamiaje de la ilusión, cuando empezamos de veras a hacer camino, a rastras o a pie, de lado la idea de adelantar a los demás.
Naipaul se ocupa, entre otros, de este asunto en Los simuladores, quizá la más agria de sus novelas.

Forma en fuga: Diálogo con Jerome Oudot Trëz

Con Juan Pablo Torres Muñiz
 
… Esta disposición, en todo caso, consiste primero en una especie de vaciamiento. Pero ¿de qué? ¿Y qué queda, una vez se ha logrado remover lo que antes ocupara la consciencia? ¿Tiene nombre –y, por tanto, es cognoscible– ese límite desde el cual se produce la obra?
Sí, uno actúa conscientemente, pero en atención de un aliento que lo atraviesa, aunque sesgado por la percepción y el conocimiento previo, al margen aún, en buena medida, del deseo.
¿Qué dicen al respecto los rostros y las formas de Jerome? ¿Qué nos dicen estos sobre la identidad y las estructuras mentales, sobre la cultura, el afuera y el adentro de cada quien?