Celebraciones: Cuento de María José Caro

Árbol de navidad
 
En mis recuerdos, el árbol siempre es distinto. A veces es un ficus tupido que se sostiene del techo del auto como pino navideño en una película. Otras veces, se trata de un tronco escuálido de hojas amarillentas resbalándose por el parabrisas. Lo que nunca cambia es el auto: un Toyota gris de dos puertas que según mi padre se importaba a pedido desde Japón. Tampoco cambia la expresión de mi madre al verlo bajar del vehículo con la camisa a medio abotonar, los ojos desorbitados y el pantalón sucio. La recuerdo revisando el capó, los parachoques y después pateando la puerta del copiloto, mientras mi padre se tambaleaba hasta a la casa. Me veo siguiéndolos, vestida con aquel pijama de Gasparín que había deformado de tanto jalar hacia abajo. Tal vez intentando convertirme yo misma en un fantasma.
 

Barbara Coleman Dubois

 

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Silencio reclamado: Diálogo con Romi Muse

Con Guillermo Cóbena


Pese a tanto rollo complaciente, a casi nadie alrededor del mundo le cuesta distinguir, según sus propios criterios, a alguien simpático de alguien lindo, lo mismo que a uno de estos de alguien guapo. El asunto torna mucho más complicado cuando nos referimos, por ejemplo, a alguien bello. El asombro reclama silencio.

La presencia de Romi invita a subrayar estas distinciones, pero no solo a propósito de sí misma, sino en relación a su propia participación en imágenes que pretenden asombrar a partir del cuerpo, pero sin quedarse en él.

 

 

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El silencio y los otros: Diálogo con Isao Tomoda

Con Juan Pablo Torres Muñiz
 
Rostros. Un rostro. Una forma. Presencias.
En este caso, la repetición importa más que simple redundancia. Queda claro, se trata de insistencia. ¿Pero de qué naturaleza?
Se cuela acaso con flagrante impertinencia el término obsesión, tanto en cuanto a perturbación anímica producida por una idea fija, como a la propia idea fija o recurrente que condiciona una actitud en particular.
Lo cierto es que Isao Tomoda, a través de la suavidad de la forma, nos plantea el asunto de modo más complejo. Hablar de obsesión cabe solo para generar nuevas cuestiones en torno a su planteamiento. A ver si así, de pronto, un haz nos conduce a cierta revelación.
 

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Claroscuros: Diálogo con René Stuardo

Con Guillermo Cóbena


Paisajes que se abren, paisajes que se cierran…

Seguir a René implica reconocer, entre otras cosas, que a menudo solo es posible ver, reconocer viva una imagen, en lucha contra la luz, proyectando con las luces propias, también, las sombras de nuestro entendimiento. Revelamos así los propios límites.
Si la realidad se compone de algún modo es gracias a los contornos; a estos se deben las formas. La marca de nuestros contenidos es la sombra. Como de la memoria, no las voces, sino los ecos…

Ecos; no los he escuchado hasta ahora.

Yo trabajo de esta forma: visualizo imágenes. Con frecuencia salgo también y busco casas antiguas desocupadas. O simplemente, por intuición, al viajar –lo he hecho bastante por el sur y el norte–,  me llama la atención la arquitectura antigua de ciertas casas. Y cosas que a nadie más interesan.
El silencio de un lugar me atrae. Da miedo. Se siente cada cosa… Y esto tiene algo que me gusta.
El vértice de una ventana, forma; o el color…