De lo ideal y lo fértil: Reflexiones a partir de una lectura de T. Szasz, en el ámbito de la educación

Por Juan Pablo Torres Muñiz
 
A la muerte de Szasz, parte de la academia psicoanalítica suspiró con culpable alivio: era el adiós a uno de sus críticos más duros. Por otro lado, muchos, dentro y fuera del mismo círculo, lamentaron su partida: las observaciones de Thomas daban lugar, frecuentemente, a fértiles debates.
La aguda, aunque muy discutible observación del Dr. Szasz, al empleo del término enfermedad mental en el ámbito de la Psiquiatría, resulta aprovechable para contemplar la posibilidad de su aplicación por analogía en ámbitos como el de la Educación. En este se da, de hecho con cierta frecuencia, una suerte de tipificación en exceso específica de ciertos extremos considerados perniciosos, así como una idealización parcializada de otras conductas bajo el sesgo de un credo, de una ideología o, sin más, del aliento de una época.
Szasz plantea que el término enfermedad mental ha dejado de servir como referente válido para la constitución de una disciplina, cuya buena intención, finalmente, también pone en entredicho; asimismo, plantea que el mismo término ha venido a reemplazar, con fines egoístas, al mito, antes común, de la brujería y otros similares, dando lugar a prácticas arbitrarias de consecuencias lamentables.
Transitemos: ¿Existe de veras una educación apropiada, óptima, ideal? Y, por cierto, ¿equivalen lo mismo, estas tres calificaciones? ¿Qué determina, en todo caso, si una conducta se encuentra objetivamente fuera de lo esperado como fruto del proceso de aprendizaje, y cómo garantizamos que este criterio sea justo, pertinente, útil más allá de un contexto puntual?

 

 

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Los raros: Ciclo de poesía seleccionada por Maurizio Medo (II)

PLENA UNIÓN
 
exactamente cuando este gato ha salido a beber
una copa
de brandy en su taberna favorita rainer maria
rilke
te encuentra una moza castaña se enamora de él
en un poema reconoce a otro marinero rilke no
lo sabe
no lo sabrá nunca creo maléfico tugurio:
metafísica
de tu perpetua salvación la ursa se ha expandido
en estaña está filoso un tiburón y tipo interesante
este rilke:
comparte su buen brandy con un gato infumable
en california joe hill canta blues de trenes que se 
alejan pronto
el movimiento proletario internacional se organizaba
abriré un depósito de granos y semillas
comprenderás
necesitamos alimento rainer maria rilke nació
en praga
(1875) bautizado según el rito católico puede
ser primo
de san agustín pero es un poeta adorable
franz kafka –lástima– morirá antes que él
(una noche se ven
pasar sin prestarse mutuamente el menor interés)
tú eres decoradora de una pastelería y haces la
limpieza de la ford
(el patrón hipoteca tu sonrisa confisca nuestra
imaginación)
distrito federal octubre de 1968 rainer maria
rilke ha asistido
a un mitin en bucareli enciende un cigarrillo tú
lo contemplas
mientras das un retoque final al pastel de una
boda próxima
el gato da tumbos –como poe– 
borracho
lo repito: rilke le permite demasiado
amanecerá dormido en tu desván
 
 
José de Jesús Sampedro (n. Zacatecas; 2 de noviembre de 1950) Ha publicado, entre otras obras, los libros: Si entra él yo entro (1978). «Hey oiga señor ése de ahí soy yo en la sinfonola», 1981.
«Poemas», en Evodio Escalante (compilador), Poetas de una generación 1950-1959, Premià editora/UNAM, México, 1988. «Poemas», en Benjamín Valdivia y Demetrio Vázquez Apolinar (compiladores), 1998. De vario México, antología poética, Ediciones La Rana, Instituto de la Cultura del Estado de Guanajuato, México, 1998. «Tres poemas», en Encuentro de poetas Oaxaca 2000, Ediciones del Ermitaño/ Seminario de Cultura Mexicana/ Instituto Oaxaqueño de las Culturas, México, 2001.
 

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Todo un personaje, o todo menos uno: En torno al trabajo de Tom Waits

Por Katiuska Molina y Luisa Deguile
  
No importa si la gente me odia, asumo que la mayoría lo hace. La pregunta importante es, si es que están en la posición de hacer algo al respecto
William S. Burroughs
  
El problema no es Dios, es la verdad; no es el héroe, son sus principios…
Es cuestión de perspectiva. Un héroe, necesariamente, es literatura. Por tanto, pasado e historia trascendente. Nunca presente. Un héroe no es una persona, es una encarnación.
Katiuska sonríe, luego sube el volumen del reproductor, se aparta levemente y lo señala con el vaso. Propone, al caso, un modelo distinto.
Ligero no equivale a superficial, para nada.
Le da al asunto la seriedad de una representante. Y son muchos a los que representa…

Tom. Él, su música. Como fuere, casi siempre precipita reacciones de un extremo u otro: Aunque la música y la voz misma puedan parecer a muchos las de un loco alcoholizado, para otros son las señas de un demonio empecinado en canciones de amor, sobre la vida misma.

 

 

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Equidistancia: Diálogo con Fernando Escobar Páez

Con Juan Pablo Torres Muñiz
 
Enfrentar. Cuestionar. Bien, de eso se trata. Pero qué hay de provocar. A menudo se dice que la provocación refiere en sí misma a un cuestionamiento, pero qué ocurre si lo que se provoca con un texto, cualquiera sea su clase (gráfico, audiovisual, etcétera), es en realidad cierta reafirmación de la posición del espectador, del lector, respecto de la realidad, a partir de su indignación. Por otro lado, ¿qué hay de provocar al instinto, nada más?
Llevar a una cuestión de fondo, implica, exige inteligencia. El erotismo, por ejemplo, requiere imaginación, de modo que el sentido del mensaje es completado por quien atribuye, a su modo, las cualidades faltantes al cuadro, a la escena, etcétera.
Hay, además, sistemas y mecanismos de seducción. ¿Los hay de provocación? ¿Nos dicen algo las categorías y los géneros, las múltiples clasificaciones académicas cuando orientan la producción de determinados tipos de textos, en lugar de prestarse, ante todo, a facilitar la clasificación de estos como obras inventivas, sujetas nada más que a su intención comunicativa?
Fernando Escobar Páez ha sido acusado de provocador. Ha sido, también, y no pocas veces, amenazado. ¿Esto último no habrá sido más bien por haber cuestionado bien?
 
Salvo en mi primer libro, Los Ganadores y Yo, de 2006, en todas mis otras publicaciones he mezclado narrativa e incluso algo de crónica con poesía. Escribía acorde a lo que me dictaba el momento; por ello, muchas veces imprimía a mi poesía cierto tono narrativo, que no tiene que ver con la estructura del texto sino con la intención de narrar una historia bien pendeja.
Supongo que se podría decir que como escritor fui anfibio o travesti. Me movía torpe y monstruosamente en ambos terrenos: poesía y narrativa.

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