Aliento (grande) de color y forma: Por la vida y obra de Sonia Delaunay, siguiendo a Beatriz Oggero

Con: Juan Pablo Torres Muñiz

 

Café, como fondo; la luz en él, blanca – Luego, el color. Formas, – garabatos eléctricos.
Memoria encendida, siempre, por una suerte de aprecio felizmente comprometido, personal: Luz sobre los motivos propios o, mejor dicho, universales – sobre los que se pretende intimidad. Y la manifestación de una fuerza propia, renovadora…
Beatriz me cuenta de Sonia Delaunay… Teje la historia…
 
Nació en el seno de una humilde familia de Ucrania, pero luego fue adoptada por sus tíos, quienes le proporcionaron todas las comodidades; era una familia acaudalada amante del arte y la literatura, en aquella ciudad que Brodsky calificó, como “la capital de las letras rusas”, San Petersburgo…
Así vivió Sonia Terk. Sus vacaciones familiares en Finlandia, Italia, y Alemania, donde luego daría comienzo a sus estudios de arte.
A principios del Siglo Veinte, en mil novecientos cuatro recaló en París; se matriculó en una academia destinada a los extranjeros. Entonces conoció obras decisivas para su formación: la de Gauguin y la de Van Gogh; y los fuertes contrastes, también, de colores complementarios… (Pienso en la Joven Finlandesa, de mil novecientos siete.)
 
La fortuna. Al talento. Y una visión, que se desarrolla – trabajando…


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Tramas desde el laberinto: Diálogo con Beatriz Oggero y el propio Orlando Alandia, a propósito de su obra

Con: Beatriz Oggero y Juan Pablo Torres Muñiz

 
Bea invita. La sigo, siempre con gusto. Ahora, lejos del jardín. Rumbos.
Vamos, más café…
A modo de introducción, me dice, hace unos años, en una conversación, un arquitecto italiano especializado en el quatroccento dijo algo que recuerdo siempre: “Beatriz, el arte se volvió textil cuando dejó el muro y pasó al lienzo…”
Y, sin embargo –me permito–, en la representación propia de mantos, géneros especiales, vestidos con bordados, en la textura, es la evocación permanente…
 
Muchas veces me ha llamado la atención la pasión de algunos pintores (y no de los menores) por representar los tejidos. Recuerdo como después de haber quedado totalmente conmovida ante los Fusilamientos de Goya, en el Museo del Prado, me quedé contemplando el detallado manto de brocado de terciopelo en el retrato de la Reina Doña Isabel de Francia, a caballo, de Velázquez, en otra sala.
Y están las pinturas de Holbein; incluso sirvieron para dar nombre a un estilo de alfombras. La lista es larga, y en la época moderna son de gran interés las famosas versiones de Paul Cèzanne sobre el monte Saint Victoire, en las que el pintor deja que el lienzo también participe de la obra…
 
La mano se abre. Generosidad.
Andar entre las imágenes… Mi querida Beatriz Oggero da el nombre. Orlando Alandia. Arquitecto, graduado en Italia. Ante nosotros, laberintos; enigma y revelación del minotauro. Exploración que el artista repite, ahonda.
 

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A través de la bruma, el camino: Diálogo con Arim Almuelle

Con: Juan Pablo Torres Muñiz

  

Kilómetros, millas; estaciones, años. Una suerte de silencio. Violenta, la lucha, por dentro.

Viajes por medio, y recorridos distintos también, de preguntas y preguntas. Los ojos devoraban lo suyo, y una visión distinta, lejos de la simple representación, cobraba cuerpo. Digamos, colgándonos de la ambigüedad de términos técnicos,  en efecto, se revelaba…, se producía
Al cabo, coincidencias a propósito: cuestiones para compartir…
Arim Almuelle. Andar de zancadas largas; llamas en los ojos.
La voz grave y las maneras amables, son parte. Clave.
Aquí y allá vitrales, artesanía de la que sabe… Por medio, mucho humo de cigarrillo… (Que evoca otras brumas, por cierto…)

 

 

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Danzante interrumpido: Sobre la nueva muestra de Ana Negro

Por: Juan Pablo Torres Muñiz
 
La artista dijo que optaba esta vez por un nuevo modo, con distintos materiales, algo más sencillo, y un motivo más específico; se trataría, en efecto, de superficies más pequeñas, obras que pensaba terminar en menos tiempo que las precedentes. Se trataba, también, de un asunto de intensidad, era deducible, aunque omitiera comentario al respecto.
La impresión, luego de ver los primeros cuadros terminados, me acercó vertiginosamente al silencio distinto a que me vi obligado a ceder antes, cuando nos conocimos, tras recorrer lo mejor de su obra hasta dicho momento. Más.
Justifica esto, el intento de decir algo a propósito.
 

Línea difusa: Digresiones en diálogo con Celia Anahín

Con Juan Pablo Torres Muñiz
 
Hay ocasiones, cuando los sutiles modos de, digamos, una invitación resultan particularmente apropiados, una ofrenda, producto pleno del esmero que en sí mismos revelan, materia seductora en su conjunto, y no obstante, en apariencia, apenas medio para situarnos en un estado de lo más favorable a la contemplación…, y de pronto nos enfrentan sin más con – la cuestión misma de fondo.
Entonces basta corresponder con un mínimo de delicadeza para caer en cuenta, nos hallamos comprometidos en el asunto, hondamente. Aunque ignoremos el momento en que cedimos, ni de qué modo lo hicimos, dónde estuvo “la trampa”, y en qué medida fuimos nosotros mismos que nos metimos en esto. Aparte de qué es “esto mismo”…
Tal especie de insinuación, por lo delicada, se sitúa provocadoramente cerca de la complacencia, nefasta; mas desde tal cercanía, la enfrenta, rompe el cristal del espejo que la representa. Libera el aire del humor de sus poluciones y abre paso al asunto de nuestra fragilidad, cierta propensión a ceder dóciles a determinados perfumes.
Las imágenes de Celia Anahin crean una atmósfera que, digamos, enmudece el entorno, evoca por detrás de él susurros de horizontes lejanos, abandonados en amaneceres y de tarde, a los sueños, – al olvido.
Nos lleva. Vamos. A perdernos con ella.
 
 

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