De pasión y sentido: Sobre BlacKkKlansman, de Spike Lee

Por Mauricio Jarufe y Luisa Deguile
 
¿Cabe decir que felizmente existen todavía formas de cuestionar a propósito de prejuicios raciales sin encallar en la simple provocación? ¿Y a quiénes habría que cuestionar de ese modo?
En cuanto a la primera pregunta, acaso el problema sea, como suele ocurrir en general –más allá del estilo–, el adverbio: ese “felizmente”. Si de veras surge la cuestión, ha de ser a través del dolor, del asombro y del dolor. Nada más lejos de la popular acepción de felicidad. Lo que no implica, desde luego, que se tenga que dejar de lado el humor.
En cuanto a la segunda cuestión, queda claro que a quien más le conviene revisar su punto de vista es a quien obvia que este mismo sea solo eso, una perspectiva y, por tanto, en buena medida, una elección consciente; quien se identifica con alguien más o con un grupo  de gente y hace de la identidad su supuesta causa, pues todo lo torna en falacia ad hominem.
El cine de Spike Lee provoca y hasta machaca, pero curiosamente, como de lado, al margen la habitual estridencia de otros medios. Se sirve del arte.
Mauricio tiene algo que decir al respecto, especialmente a partir de su último trabajo…

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Lo que importa: Sobre la película Call Me by Your Name

Por Mauricio Jarufe
 
Contemplar. Y fijarse detenidamente. Apreciar el detalle. Sentir la música, los rayos de sol, el viento. Todo aquello que compone un día cualquiera. Una mirada. Un suspiro. Algo de Bach interpretado al piano. Algún verso de un maestro grecolatino… Cada elemento cuenta por sí mismo y aporta al conjunto más que cantidad. Cualidad sobre cualidad.
Es con el detalle que se construye lo que conocemos como amor, o una historia al respecto.
Hoy, en una era de lamentable saturación, en la que incluso viene bien hablar de consumo masivo y hasta de malversación del romance, no importa tanto. Aunque Call Me by Your Name no es precisamente una historia de amor, sí lo es sobre el asombro. En relación al amor. El descubrimiento de sensaciones y sentimientos. A partir de ellos, de probables respuestas a las preguntas últimas.
Ahora bien, la curiosidad más sana conduce, si fructifica, en cierto gozo, pero también en dolor. No por nada, las respuestas yacen a veces donde no esperamos quepa, se revelen. En el silencio, por ejemplo; en lo que no se dice. Y en lo que no es posible decir.
He aquí que entra a tallar la contemplación. A través de ella es posible dar con lo implícito, con lo escondido, lo que de pronto asoma por detrás de la niebla, del ruido…
 
 

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Detrás de la noche: Sobre Moonlight, la película de Barry Jenkins

Por Mauricio Jarufe

  

De repente, azul. Un azul vívido, resplandeciente; un color que, de a pocos, toma nuestra atención. Nos sigue adonde vamos. Un plano-secuencia, azul. Una toma nocturna, lo mismo. Lo vemos constantemente, en los detalles, en el fondo. Moonlight nunca pierde color.
Así compone Barry Jenkins. El azul, melancolía. De la intimidad. Esa que incita a la memoria. La complejidad, contenida en un par de tomas casi a oscuras, con aquel color delineando las imágenes. A través de él, la cámara transita por entre los barrios bajos, donde la violencia y las drogas, por los malos caminos.
Y es aquí donde crece Chiron. La cámara, la mayoría de las veces, la lleva él, como pegada al cuerpo. Esta lo sigue; lo confronta: emociones contenidas en su mirada, su hablar pausado y su silencio. Negro, gay y pobre. Él, que siempre parece tener algo qué contar.
 

“Off the record”: Sobre El tiempo es un canalla, de Jennifer Egan

Por Mauricio Jarufe y Juan Pablo Torres Muñiz
 
Rock. Y el Rock Pop. En afán contrario, las manifestaciones musicales del Punk; aunque por medio de estas, se pretenda también llegar a la mayor cantidad posible de gente: golpear, arañar el corazón, siempre, aunque por  muy diversas causas, adolescente
Se supone, el Punk tienta una búsqueda menos cerebral, aunque no por ello menos profunda… Jennifer Egan no parece precisamente alguien con un discurso así de espontáneo. Pero Mauricio piensa, al parecer, distinto.

Esa música es parte de nuestra cultura. Marca incluso la historia.

Y, bueno, abundan muestras sobre el turbio mundo del espectáculo, de lo que se cuece tras bambalinas, pero también sobre los manejos de la industria, los tratos de todo tipo, y los sueños de veras, los inducidos… y las alucinaciones. No todas las obras merecen ser citadas como buenos ejemplos; en cuanto a filmes, Almost FamousInside Llewyn Davis y This is Spinal Tap; en cuanto a libros, Great Jones Street o, como curiosidad, con sus excesos, Autobiography, de Morrissey.
La novela de Jennifer Egan, creo, es caso aparte…